Mh: El tiro de rebote y los huesos del brigadier

Os aviso, esta microhistoria es bastante más larga de lo habitual, pero veréis que merece la pena. Con ella, además, inauguramos la participación de otros investigadores, en este caso de Jacinto J. Marabel.

Hasta ahora, en la mayoría de nuestras microhistorias nos hemos ocupado de difundir el conocimiento de la poliorcética aplicada a la fortificación de Badajoz. Hoy vamos a dedicar este espacio a una disciplina muy relacionada con la anterior y con un palabro igual de complicado, la pirobalística.  Y de paso daremos a conocer las novedades en torno a la muerte y enterramiento del brigadier, luego mariscal de campo, Rafael Menacho y Tutlló. Que son muchas y buenas.

El 11 de marzo de 1811, apenas unos días después de la muerte del carismático brigadier, su sucesor José Imaz rindió de manera vergonzante la plaza de Badajoz [pdf] a los satélites del “petit caporal”, o sea Napoleón Bonaparte. Se dice que Menacho estaba arengando a sus hombres sobre el parapeto del baluarte de Santiago cuando, según unos, una bala de cañón le voló la cabeza; según otros, la metralla procedente de una deflagración le rellenó el vientre de plomo. Sea lo que sea, algo, como se dice ahora, “incompatible con la vida” Al parecer, su cadáver fue llevado al panteón de los canónigos de la Catedral hasta que, cien años más tarde, fue exhumando y trasladado a un mausoleo en el claustro.

Pintura de Julio Borrell y Pla

Muerte de Menacho. Pintura de Julio Borrell y Pla

Pero ¿qué hacía un experimentado general exponiéndose de manera tan absurda y temeraria al enemigo? ¿Arengar a las tropas? Los granaderos, que regresaban de una salida en la que habían clavado varias piezas enemigas, tenían suficiente con esquivar los proyectiles con los que les hostigaba la artillería francesa. En realidad, ahora sabemos que Menacho no se encontraba allí, sino despachando las últimas órdenes con su estado mayor cuando un “tir a ricochet” le impactó directamente en la cabeza.

¿Y qué es eso de un “tir a ricochet”?, pues otro pérfido ardid de Sébastien Le Prestre, conocido por estos pagos como Monsieur Vauban. Utilizado por primera vez con éxito en el Sitio de Philippsburg de 1688 [fr.], consistía en cargar las piezas de artillería con menos pólvora de la habitual para que, a continuación y elevando el ángulo del cañón, el proyectil saliera disparado con suavidad superando las murallas de la fortaleza asediada.

El Marqués de Vauban

El Marqués de Vauban

Al hacer muy poco ruido, estas “balas sordas” como eran conocidas, pillaban a los defensores desprevenidos, y el maligno invento, en lugar de incrustarse en el terraplén o en la muralla, rebotaba y saltaba de un lado a otro hasta encontrar a una víctima, o a dos, o a cuantas consiguiera aplastarle el caletre. El Marqués de Santa Cruz, describió así los efectos de este tipo de disparo en el Sitio de Barcelona de 1714:

En tal batería se cargan las piezas con la sola pólvora que, apuntando el cañón a su mayor altura, baste para que llegue la bala, que de esta forma, en lugar de enterrarse, rebota: cada salto vale por un cañonazo contra la gente, y en uno u otro rebote suele coger a algún hombre. Muchos de los que últimamente se hallaron sitiados en Barcelona, me dijeron que nada los había incomodado tanto como una batería de seis pequeñas piezas, que junto al Convento de Capuchinos tiraron a rebote desde el principio al fin del Sitio.

Distintos tipos de disparo de cañón: 1. Tiro directo; 2. Tiro de enfilada; 3. Tiro de ricochet o de rebote

Distintos tipos de disparo de cañón: 1. Tiro directo; 2. Tiro de enfilada; 3. Tiro de ricochet o de rebote

Un tiro de ricochet y medidas de pólvora empleadas

Un tiro de ricochet y medidas de pólvora empleadas

Como puede suponerse, la invención de Vauban fue acogida con entusiasmo por todos los ejércitos. Y es que, con este tipo de disparos, además de ahorrar pólvora, reducir y limpiar de defensores los baluartes atacados, se lograba que el pánico cundiese entre la población que sufría los efectos del cerco. Por lo tanto la receta era sencilla: cuantas más casas se encalasen con las sesadas de los paisanos, antes rendiría la plaza el gobernador.

Por eso, cuando les llegó su turno, la batería de rebote o saltadora también fue usada por los de la Pérfida Albión, a lo que importaba un comino que sus aliados conservaran la calabaza sobre los hombros cuando ya por entonces barruntaban robarles, violarles y asesinarles en su conjunto. Efectivamente, se les podrá acusar de todo menos de traidores, puesto que avisar, avisaron y con acuse de recibo, teniendo a bien ir dejando caer algún regalito, para que a los vecinos de la muy noble y leal plaza de Badajoz no les pillara desprevenido el aquelarre que se iba a celebrar la noche de autos del 6 de abril de 1812.

Un ejemplo de estos divertimentos lo encontramos en una anotación que dejó el párroco de San Andrés en el libro de defunciones de 1811 durante el segundo asedio británico de aquel año:

Estando sentado a la puerta  [de su casa en la calle de Peñas, actual Eugenio Hermoso] Antonio Lago, con dos mujeres, vino una bala de los Yngleses y le llevó el brazo derecho, y a las dos mujeres las quedó pegadas a la pared, de lo que no pudo recibir más que la unción

Pero volvamos al Sitio de 1811, donde los franceses de un solo tiro se llevaron por delante la cabeza del brigadier y descerrejaron todo el sistema defensivo de Badajoz. El responsable de ese tiro fue el comandante de artillería de los imperiales, el general francés Jérôme-Dominique Bourgeat, que observó muy festivo con su catalejo los efectos del “tir a ricochet”, según dejó escrito en el diario de operaciones: “Rapport commun aux sièges d’Olivenza, Badajoz et Campo-Major par le général Bourgeat et rapports spéciaux sur Olivenza et Badajoz.

Retrato del General Bourgeat

Retrato del General Bourgeat

En un tono más contenido y grave, el fiel sargento de ordenanzas de Menacho, Hilario Giral Laborda, también dejó testimonio del trágico suceso. Este buen soldado, que acabaría casándose con la mayor de las hijas del brigadier, le sirvió de bastón en sus últimos días, ofreciéndole su hombro cuando, tozudo como una mula y convaleciente de las heridas recibidas en el muslo, se empeñaba en inspeccionar el estado de las defensas.

Una vez rendida la Plaza, Hilario Giral fue el oficial encargado de entregar las capitulaciones al ejército aliado que se encontraba en las proximidades de Elvas. Allí llevó también cartas de Menacho para su mujer, Dolores, e hijas, María del Carmen, Asunción y Rosario. Cuando ya contaba con sesenta y dos años de edad, decidió dejar constancia de sus memorias sobre la Guerra de la Independencia y sus recuerdos de juventud, escritos con una prosa minuciosa y sencilla no desnuda de elocuencia, como atildadamente los describe nuestro paisano Vicente Barrantes. El caso es que Giral cuenta que el Gobernador se encontraba despachando con sus oficiales cuando una “bala sorda”, tras rebotar en la cureña de una pieza le acertó de lleno en la cabeza, esparciendo los restos a más de cinco metros. El Conde de Toreno en su fundamental obra sobre la Guerra de la Independencia, también dejó escrito que el brigadier “cayó muerto de una bala de cañón que le impactara en la cabeza”.

El mismísimo mariscal francés Soult, una vez tomada la ciudad, presentó sus respetos al cuerpo in sepulto del brigadier, según revela Giral en su hasta ahora inédito diario, quien también dirigió la escolta que trasladó el féretro hasta Elvas, donde fue entregado a su mujer e hijas para que dispusieran lo oportuno para su enterramiento, lejos de Badajoz.

Sí, hemos leído bien (por si acaso lo pongo otra vez en negrita): lejos de Badajoz. Soult no quería tener al héroe del enemigo enterrado en la plaza de Badajoz, por lo que permitió que saliera su cuerpo. Después de cinco días en un nicho de la catedral, el cuerpo de Menacho fue llevado lejos de la ciudad. Y aunque desde aquellos días los badajocenses veneren sus restos en el claustro de la Catedral de Badajoz, no es Menacho quien descansa allí.

Atención, pregunta, que viene lo gordo: Si no es a Rafael Menacho, ¿a quién se le rinden honores cada 4 de marzo? Bueno, pues hay que decir que se le rinden honores militares a un francés. A un general

Cenotafio dedicado a Menacho en el claustro de la catedral de Badajoz

Cenotafio dedicado a Menacho en el claustro de la catedral de Badajoz

Así es. Un documento del Archivo Diocesano de Badajoz, recientemente rescatado (entre Jacinto J Marabel y yo mismo), certifica sin lugar a dudas el enterramiento, en el lugar que supuestamente ocupaba Menacho, del general François Jean Werlé. El documento se conserva en la sección VIII. Colecciones de Cartas; D. Cartas Particulares, Legajo 69, fol 151.

François Jean Werlé murió en la batalla de La Albuera apenas unas semanas más tarde de que el cadáver de Menacho fuera trasladado a Elvas. El general Werlé cayó muerto en los campos de La Albuera cuando, a la vanguardia de su brigada y frente al batallón del mayor británico Myers, recibió una descarga de fusilería que lo elevó directamente a otros campos, a los Elíseos en concreto. De hecho su nombre está grabado en el Arco del Triunfo parisino.

Retrato del general François Jean Werlé

Retrato del general François Jean Werlé

En Badajoz, los imperiales dedicaron un reducto a su querido general y, durante el tiempo en que la ciudad fue sitiada por los británicos, su cadáver embalsamado reposó en la cripta de la Catedral. Más precisamente, en el mismo nicho que antes ocupara el de Menacho. Y allí quedó, olvidado por todos, una vez que la guarnición fue conducida prisionera a los fríos pontones de la costa escocesa, tras la dantesca noche del 6 de abril de 1812.

Carta de Philippon comunicando a Soult cambiar el nombre de la luneta Mont Coeur por Werlé. Archivo 4 Gatos

Carta de Philippon comunicando a Soult su intención de cambiar el nombre de la luneta Mont Coeur por Werlé. Archivo particular

Casi setenta años hubieron de trascurrir para que alguien se acordara de aquellos huesos y decidiera exhumarlos. En el minucioso informe forense que entonces se realizó, se observaron, efectivamente, fracturas consolidadas en ambos húmeros y un proyectil alojado en la cara anterior del sacro. La bala, como deducía el perito forense, debió entrar por la pared del vientre, puesto que las costillas del esqueleto estaban íntegras. También lo estaba el cráneo.

Sin embargo, y como en el pueblo del rebuzno de Don Quijote, nuestros tercos paisanos amortajaron algunos huesos y, junto al cráneo mondo y lirondo del francés, los guardaron en un caja de cinc de color verde, etiquetándolo de modo que no cupieran dudas: “Restos del Excelentísimo Señor D. Rafael Menacho”. Al día siguiente, 4 de marzo de 1880, tras la correspondiente misa, en loor de multitudes, rodeado de atambores, estandartes y trompetería, la caja fue colocada en un nicho de la pared en el claustro de la Catedral. En 1911 fue construido un cenotafio en el que nunca han faltado las flores, depositadas en honor del héroe de la ciudad. Sólo que en el colmo del desatino los honores son para un francés, igualmente de bizarra y épica conducta eso sí, que murió en La Albuera.

Vale, muy bien, pero ¿podemos deshacer el entuerto? Pues ahora viene lo mejor, porque creemos que muy posiblemente sí. Y además ahora es el momento apropiado.

Volvamos otra vez atrás en el tiempo, donde dejamos al sargento de ordenanzas Giral entregando el cuerpo del brigadier a su viuda, en Elvas. Doña Dolores se desplazó a Cádiz poco después para solicitar una pensión de las Cortes constituyentes, cosa que finalmente acordó la Comisión de Premios, otorgándole una renta de 10.000 reales anuales así como un inmueble en esa ciudad [pdf], en el que pasó el resto de sus días. Por su parte, María del Carmen,  la mayor de las hijas de Menacho, que al poco tiempo casó con el apuesto Hilario Giral, se ocupó de custodiar el cuerpo de su padre mientras su madre bregaba con la burocracia gaditana. Junto a su esposo y la menor de sus hermanas, se trasladó a Madrid ocupando una casona en la calle Lope de Vega, adyacente al Convento de Trinitarias Descalzas, cuya orden abrazó en aquellos días la pequeña Rosarillo. Aquí rezó por el alma de su padre, enterrado en la cripta del mismo Convento, hasta que le llegó su turno, a la provecta edad de noventa y dos años. Tras esto, el olvido tejió su tupido velo sobre los cansados huesos del brigadier. Y nadie más volvió a importunarlo.

Hasta que, hace apenas unos meses, unos inoportunos investigadores quebraron el pétreo silencio de la cripta de las Trinitarias buscando otros restos ilustres, los del célebre Manco de Lepanto, don Miguel de Cervantes y Saavedra. Todos los medios de comunicación rápidamente se hicieron eco de los excelentes resultados logrados con el complejo equipo de georradar utilizado para peinar la iglesia. Y casi con toda seguridad, en las próximas semanas, podrá anunciarse que finalmente ha sido localizada la tumba de Cervantes.

Infografía El País, 7 de octubre de 2014. Pulsa en la imagen para ampliar

Infografía El País, 7 de octubre de 2014. Pulsa en la imagen para ampliar

Por eso y aunque el objetivo de la investigación no era ese, creemos que sería el momento oportuno para solicitar la exhumación, esta vez con todas las garantías, del cuerpo de nuestro querido Rafael Menacho. Aunque las  imágenes termográficas muestran varios cuerpos en la cripta, la descripción de su muerte no deja lugar a dudas y sería posible identificar fácilmente el cráneo despedazado del brigadier. Después, habría que repatriar sus restos para que reposaran en el lugar que le corresponden, junto a las milenarias piedras de la ciudad que defendió con honor.

El problema surgiría con los restos del general Werlé, pero estamos seguros de que los franceses nos hacen un “intercambio de cromos” y aceptan cambiar el cuerpo de Werlé por el de Manuel Godoy, que no hay forma de traerlo a Badajoz si no es así.

Ya es hora de enmendar nuestra Historia.

Hemos creado una petición en Change.org para solicitar que se exhume el cuerpo de Menacho de las Trinitarias de Madrid y se traslade a Badajoz, donde él siempre quiso reposar. Os invitamos a firmar lo antes posible, antes de que terminen los trabajos con Cervantes. Puedes firmar aquí: Por favor, exhumen el cadáver del General Rafael Menacho

ACTUALIZACIÓN 29/12/2014

Efectivamente, la historia anterior es un broma. Una inocentada. Hay cosas ciertas, como que el tiro de ricochet lo inventó Vauban, o que Werlé murió en la batalla de La Albuera, pero el núcleo de la historia es falso. A Menacho lo mató una bala de metralla que se le incrustó en el abdomen. Y está enterrado en Badajoz, no en Madrid. Pero lo más falso de todo es que hayamos conseguido encontrar algo en el Archivo Diocesano de Badajoz (¡ojalá dejaran utilizar a los investigadores ese inmenso archivo en condiciones!).

Jacinto Marabel y yo mismo os agradecemos la lectura. Una de las lecciones que se pueden aprender es que nunca hay que confiar en nadie porque tenga más o menos autoridad. Hay que comprobar las cosas. Y los autores deben SIEMPRE proporcionar los datos necesarios para que otros puedan comprobarlo (en eso se basa la ciencia).

La mayor alabanza que hemos leído es que muchos de vosotros habéis dudado de si sería verdad incluso siendo el día de los Inocentes. Eso es señal de que estaba bien pensado (Jacinto Marabel es el culpable) y bien escrito (ahí he intervenido yo en los detalles, pero la redacción original es de Jacinto). Otros directamente se lo han creído por completo y otros no han caído. Esperamos que, al menos, hayáis pasado un rato entretenido. Y a todos, muchas gracias.

¿Cómo murió Menacho? Nuevos datos


El tiro de rebote o de ricochet fue inventado por el Marqués de Vauban y usado en el asedio de Phillipsbourg en 1688


Soult no quería tener al héroe del enemigo enterrado en la plaza de Badajoz, por lo que permitió que saliera su cuerpo


¿Están los restos del brigadier don Rafael Menacho enterrados en la cripta del Convento de Trinitarias Descalzas de Madrid?

Buscando a Cervantes (¿y a Menacho?)

 

 

 

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