The Monster

Por Jacinto J. Marabel

La noche del 6 de abril de 1812 Badajoz fue tomada a sangre y fuego por los británicos. Sin duda se trató de una acción afortunada, ya que el duque de Wellington se había empeñado en asaltar la ciudad por las tres brechas abiertas en sus murallas y miles de soldados fueron sacrificados inútilmente contra las defensas emplazadas por los franceses. Por tercera vez los aliados trataban de tomar la ciudad y por tercera vez habrían de ser derrotados. Pero cuando con la mandíbula desencajada Wellington se disponía a ordenar la deshonrosa retirada, un jinete emergió de entre las sombras gritando: “Mi Lord, el castillo es vuestro”.

El castillo, un bastión que se antojaba inexpugnable y que era defendido por un centenar escaso de alemanes, había sucumbido al asalto de la Tercera División del irascible general Thomas Picton [eng]. Lo que ocurrió después es de sobra conocido: miles de enajenados hijos de la Gran Bretaña descargaron su sed de venganza saqueando, violando y asesinando a los pobres e indefensos vecinos que encontraron a su paso. Ebrios y no precisamente de victoria, bailaron, cantaron y brindaron durante dos días con sus noches por el hombre que inesperadamente se la había servido en bandeja: Thomas Picton, claro.

O al menos eso creían ellos, porque lo cierto es que el general Picton nunca llegó a escalar el castillo. Al poco de iniciarse el asalto fue herido ligeramente y sus oficiales le arrastraron al campamento, así que entró al día siguiente en la ciudad, subido muy ufano a lomos de su corcel. La propaganda bélica hizo el resto y muy pronto se acuñaron monedas y se pintaron cuadros en los que el comandante de la Tercera División aparecía victorioso sobre los muros de Badajoz, enarbolando la bandera británica. Su popularidad se disparó y el indomable Picton comenzó a cimentar una leyenda que acabaría por desbordase en Waterloo, aun después de su muerte.

Moneda acuñada para conmemorar la gesta del teniente general Picton.

Moneda acuñada para conmemorar la gesta del teniente general Picton.

Grabado realizado por Thomas Shutherland en 1815, cuyo protagonista es Thomas Picton sobre los muros del castillo de Badajoz

Grabado realizado por Thomas Shutherland en 1815, cuyo protagonista es Thomas Picton sobre los muros del castillo de Badajoz

Thomas Picton era galés. Nació en Pembrokshire [eng] en 1758 y muy pronto, con apenas catorce años, ingresó en el 12º Regimiento de infantería de línea, donde alcanzaría el grado de capitán. Después del Sitio de Gibraltar el regimiento fue disuelto, los hombres se amotinaron y el capitán Picton ser prestó voluntario para sofocar brutalmente aquella insubordinación. Fue la primera muestra del violento e implacable carácter del que más adelante habría de hacer gala; y no debió ser del agrado de sus superiores, por lo que el joven oficial tuvo que abandonar el ejército y dedicarse durante un tiempo a los negocios familiares. Pero como no tardó mucho en arruinarse, decidió probar fortuna en el Caribe.

A la postre se antojó una buena decisión, puesto que pronto cambió su estrella. Cuando los ingleses se adueñaron de Trinidad, Picton fue nombrado Gobernador de la Isla, tomó a una mulata como amante y se hizo rico con el comercio de esclavos. Aquí se explayó a gusto como un verdadero dictador e instaló un régimen de terror con cientos de ejecuciones sumarias. El Monstruo, como fue apodado, tenía especial predilección por los criollos españoles, descendientes de los legítimos conquistadores de Trinidad, así como por las mujeres indefensas.

En particular, la opinión pública quedó conmocionada con el caso de Luisa Calderón [eng], una criada de catorce años de edad que fue acusada por su patrón de sisarle a escondidas. Para forzarla a confesar, Picton ordenó llevar a la niña a una mazmorra, donde fue desnudada y colgada por los pulgares, de tal modo que todo el peso descansase sobre sus pies descalzos apoyados únicamente en un clavo afilado que sobresalía del suelo. La tortura, conocida aún hoy con el nombre de “pictoning” [eng] en dudoso honor a su creador, acabó por trascender a la opinión pública. Los diarios británicos comenzaron entonces a informar sobre otras execrables muestras de su despotismo y, forzadas por un amplio movimiento de repulsa, las autoridades decretaron su detención y repatriación.

The Torture of Louisa Calderon 1806

Imágenes que muestran el “pictoning”, la técnica de tortura ideada por Picton y puesta practica con la niña Luisa Calderon, según distintos diarios de la época

Imágenes que muestran el “pictoning”, la técnica de tortura ideada por Picton y puesta practica con la niña Luisa Calderon, según distintos diarios de la época

En 1804 se le formó una causa por los delitos cometidos durante su gobierno, pero durante el juicio los ricos propietarios de plantaciones declararon a su favor. Dos años después, Thomas Picton no sólo fue absuelto de todos sus cargos, sino que salió reforzado de aquel proceso en el que se le presentó como el adalid de los intereses británicos frente a la casta criolla. Se le premió con el puesto de gobernador en los Países Bajos y allí residió hasta 1809, en el que regresó a Gales aquejado de problemas de salud. Pero la inacción casaba mal con su instinto pendenciero por lo que no tardó en medrar hasta conseguir ser promovido a teniente general, con cargo en una de las divisiones desplegadas en la Península Ibérica. Y aquí se encontró con los irlandeses del Connaught Rangers [eng].

Picton odiaba a los irlandeses. Aunque hacía ya una década que Wolfe Tone y el resto líderes independentistas fueron ejecutados, los tambores de la revuelta irlandesa continuaban redoblando en su cabeza. Los Connaught Rangers, el 88º regimiento de infantería británico que debía su nombre al condado donde la mayor parte de ellos habían sido enrolados después del levantamiento, seguían manteniéndose fieles a la fe católica y a sus tradiciones. Y esto les acarreó más de un problema cuando el furibundo Picton tomó el mando y los arrestos y latigazos fueron la tónica habitual.

The Devil’s Own. Los irlandeses del 88º regimiento británico sobre los muros de Badajoz, según el grabado realizado por Richard Caton Woodville en 1908.

The Devil’s Own. Los irlandeses del 88º regimiento británico sobre los muros de Badajoz, según el grabado realizado por Richard Caton Woodville en 1908.

Picton ordenó que los irlandeses ocuparan la primera línea de fuego en todos los combates y estos respondieron siempre con valentía y coraje. En Ciudad Rodrigo, el pelotón del teniente Mackie formó el forlorn hope [eng] que precipitó la caída de la Plaza, pero ni él ni los suyos fueron jamás recompensados. En Badajoz, el capitán Oates perdió a la mayor parte de sus hombres en el asalto al fuerte de La Picuriña, con igual y descorazonador resultado. El 6 de abril de 1812 los irlandeses se vengaron en las mismas narices de Picton e hicieron sonar en sus gaitas Savourna Deelish, un himno plagado de connotaciones nacionalistas [puede ser escuchado en Spotify]. Después, el capitán Seton dirigió el destacamento que se lanzó contra las laderas del castillo, escaló sus muros y, tras aniquilar a los alemanes que defendían el reducto, ofreció al duque de Wellington aquella victoria bañada en sagrada sangre irlandesa.

Pero nadie recuerda a los irlandeses. La gloria se la llevó aquel maldito galés, que asistía complacido desde la comodidad de su tienda al magnífico espectáculo pirotécnico que aquella noche cubría Badajoz. Los menosprecios y la lista de agravios no harían sino incrementarse en lo sucesivo. Hasta que alguien no pudo más: tres años más tarde el pretencioso de Thomas Picton acudió engalanado con frac y sombrero a la batalla de Waterloo y un irlandés acabó con su vida en el fragor del combate. Al menos, eso cuenta la leyenda.

En el mismo campo de batalla se le dedicó una humilde lápida que, sin duda, desmerecía el recuerdo de tan ilustre personaje, por lo que su familia no tardó en promover una campaña de fondos para erigirle un monumento acorde a su magnificencia. Así, el 29 de julio de 1828 un puñado de veteranos de Waterloo fueron a reunirse en Carmarthen, con el fin de asistir a la inauguración de un monolito de veinticinco metros de altura encimado con la figura de Picton. El monumento, un proyecto del arquitecto real John Nash, contaba en su cara oeste con bajorrelieves de Edward Hodges Baily, el autor de la estatua de Nelson que preside Trafalgar Square por cierto, en los que se podía ver al general Picton escalando intrépidamente el castillo de Badajoz, seguido de sus hombres a modo de comparsas.

El faraónico monumento dedicado a Thomas Picton en Carmarthen en 1828.

El faraónico monumento dedicado a Thomas Picton en Carmarthen en 1828.

La patraña no duró mucho. Según refieren las crónicas del lugar, una noche se desató una terrible tormenta, los cielos se abrieron y un rayó hizo mil pedazos la imagen que coronaba aquel despropósito. La tempestad acabó también con el bajorrelieve que le mostraba a punto de alcanzar la gloria en Badajoz y solo se salvaron algunos restos de su muerte en Waterloo, que hoy se conservan en el museo de la localidad. Contumaces, sus descendientes hicieron levantar otro obelisco de similar envergadura que, al poco tiempo y como si de una maldición bíblica se tratase, fue abatido de nuevo por las fuerzas desatadas de la Naturaleza. La memoria de Thomas Picton quedó en estado ruinoso y desolador durante muchos años hasta que, finalmente, en 1988 las autoridades decidieron demolerla por completo, emplazando en su lugar una modesta pilastra que desde entonces tampoco ha estado exenta de agresiones y ofensas.

El modesto obelisco que en la actualidad pervive en memoria de Thomas Picton.

El modesto obelisco que en la actualidad pervive en memoria de Thomas Picton.

The Monster, El Monstruo, ensalzado por unos y odiado por muchos, quiso alzarse sobre los cielos de Gales legitimando aquella serie de triunfos que cimentaron su leyenda. Los elementos conjurados por los viejos dioses celtas juzgaron que al menos una de ellas, la de la noche del asalto al castillo de Badajoz, no le pertenecía; y castigaron su arrogancia arrojándole del pedestal en el que había sido erigido. El episodio, uno más en el inagotable anecdotario de las guerras napoleónicas, debería hacernos pensar sobre las precipitadas lecturas que no pocas veces ofrece la Historia.

Esta y otras historias pueden encontrarse en el libro publicado por Jacinto Marabel: Damnatio Memoriae (2017) que recoge las historias de los olvidados españoles, alemanes y portugueses de la Guerra de Independencia en Badajoz. A la venta en la Librería Mercurio, de Badajoz.

Damnatio Memoriae, de Jacinto J. Marabel Matos. Editorial Tr3s Pi3s. 2017

Damnatio Memoriae, de Jacinto J. Marabel Matos. Editorial Tr3s Pi3s. 2017

El indomable Picton comenzó a cimentar una leyenda que acabaría por desbordase en Waterloo, aun después de su muerte.


El Monstruo, como fue apodado, se explayó a gusto en la isla de Trinidad como un verdadero dictador e instaló un régimen de terror con cientos de ejecuciones sumarias.


El pretencioso Thomas Picton acudió engalanado con frac y sombrero a la batalla de Waterloo y un irlandés acabó con su vida en el fragor del combate. Al menos, eso cuenta la leyenda


The Monster, El Monstruo, ensalzado por unos y odiado por muchos, quiso alzarse sobre los cielos de Gales legitimando aquella serie de triunfos que cimentaron su leyenda.


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