Los restos de la batalla

Por Álvaro Meléndez

De todos son conocidos, en la historia de nuestra ciudad, los avatares padecidos durante la Guerra de la Independencia (1808-1813): sitios, asaltos, bombardeos y, al fin, la “liberación” de esta plaza fuerte en abril de 1812 tras el asalto de las tropas aliadas al mando del general Wellington.

Tan sangriento episodio no solo afectó a las fuerzas contendientes, también la población sufrió, al menos un centenar de muertes, a manos de las fuerzas aliadas que habían tomado, a muy alto coste, la preciada presa.

No son muy conocidos los acontecimientos posteriores: la reorganización de la vida pública, la reconstrucción de la ciudad, la repoblación…en fin, cómo enjugó sus lágrimas Badajoz.

Tras la ocupación de la plaza fuerte de Badajoz, el 7 de abril de 1812, vinieron dos días de pillaje y robo, muchos fondos documentales de la ciudad y no poco patrimonio mueble desapareció para siempre en esas circunstancias.

El mando de la ciudad se entregará por parte de las fuerzas militares aliadas al general Juan Nieto y Aguilar, II marqués de Monsalud, que lo ejercerá de modo interino entre enero, cuando marcha el general Castaños, y septiembre, con el nombramiento del marqués del Palacio, de este 1812. Llega a Badajoz el día 9 de abril, dos días después de la toma de la ciudad, y entre las primeras medidas  que ha de tomar priman las referidas a la salubridad de la urbe y a la reconstrucción de sus muros. Labores perentorias para las que se reclama la ayuda de albañiles y trabajadores de todos los puntos de alrededor… aun así, el día 20, reitera a la Junta Superior de la Provincia:

…Aunque tengo dadas mis disposiciones pª que se entierren y cubran con cal los muchos cadáveres que se encuentran en las casas y otros puntos, sería conducente que por V. E. se previniese se presenten en esta plaza los 200 hombres en los términos que propuso el individuo de la Comisión de Alburquerque, pues además de exercitarse en el fin para el que se proponen [quemar y enterrar los muertos en el asalto] se emplearían en limpieza de la ciudad que se halla en la maior inmundicia por sus calles y evitar así los horrores de un contagio…

¿Dónde fueron enterrados los cuerpos de los soldados británicos, portugueses y franceses muertos y otros restos? Tradicionalmente se señalan los fosos del entorno del baluarte de la Trinidad como cementerios de campaña donde se dio sepultura a los caídos en la batalla y a los muertos en las represalias posteriores.

Trabajos recientes nos señalan que también hubo enterramientos, por parte de los británicos, aprovechando las trincheras abiertas en la zona de la Picuriña y en la Alcazaba, donde excavaciones arqueológicas dieron, en los años setenta, con un enterramiento datado en estas fechas y del que esperamos se pueda ampliar y estudiar en condiciones académicas más adecuadas.

Fragmento del Plano de la Plaza de Badajos, de Domingo Luis del Valle (1812) de la zona entre el balaurte de Santa maría, a la izquierda, y el el de San Pedro, a la derecha de la imagen. Con las letras r se dibujan las brechas del asedio. (Centro Geográfico del Ejército, sig.: Ar.G bis-T.2-C.2-167)

Fragmento del Plano de la Plaza de Badajos, de Domingo Luis del Valle (1812) de la zona entre el baluarte de Santa María, a la izquierda, y el el de San Pedro, a la derecha de la imagen. Con las letras r se dibujan las brechas del asedio. (Centro Geográfico del Ejército; sig.: Ar.G bis-T.2-C.2-167)

Hacia mediados de la década de los años cincuenta del siglo XIX, el coronel portugués Claudio de Chaby en su obra Excerptos históricos e collecçao de documentos…, Lisboa, Imprensa Nacional, 1875, nos relata la visita a los fosos de la Trinidad de un anciano inglés que venía a visitar una tumba cerrada por una lápida en la que se podía leer: “A la Memoria de Guillermo Nicolau, capitán del Real Cuerpo de Ingenieros de S. M. Británica. Muerto a causa de las heridas que recibió en el asalto de la brecha en la noche del seis para el siete de Abril en 1812, defendida por los franceses de Badajoz”. Tomada del portugués entendemos que se refiere al capitán William Nicholas, que encabezó el asalto de la 4ª División a la brecha de la cara derecha del baluarte de la Trinidad.

En 1930, Jesús Rincón publica Días gloriosos y días aciagos de Extremadura (Badajoz, ediciones Arqueros). En él relata también esta anécdota del visitante inglés y nos dice:

“…recientemente, en los años de la guerra europea, muchas personas hicieron excavaciones en los fosos junto a este último baluarte y dieron por resultado el hallazgo de numerosas bombas y objetos metálicos que se vendieron a buen precio. La codicia de la gente no se contentó con esta tarea; quitó también las balas procedentes de los disparos ingleses, que unas manos piadosas empotraron en forma de guarismos en la pared del muro exterior del baluarte de la Trinidad, como sencillo recuerdo de los que allí cayeron en cumplimiento de su deber… Es el triste destino de las cosas históricas de Badajoz…

No mucha más información teníamos acerca del lugar en que se enterraron los restos de estos combates y tampoco era un tema que nos preocupase en exceso, hasta que hace poco tiempo encontramos unas noticias en el Noticiero Extremeño, periódico de Badajoz, correspondientes a febrero y marzo de 1920.

Noticiero Extremeño, 27 febrero 1920:

…Recuerdos de la guerra. Hallazgo de bombas.

En uno de los pasados días, unos chicuelos que se encontraban jugando en las afueras de puerta Trinidad, en las proximidades del sitio conocido por el Caño de la Loba, encontraron, enterrada a poca profundidad, una bola de cañón de sistema antiguo.

Intrigados por el hallazgo siguieron buscando por aquellas proximidades y, en efecto, tropezaron con otros proyectiles análogos al anterior.

La noticia circuló rápidamente y, como quiera que hallaron para las bolas comprador que las adquiría al precio de 10 céntimos el kilogramo, fueron muchas las personas que acudieron al lugar mencionado, llevando algunas, incluso, jumentos con sus correspondientes serones, donde cargaban las pelotas de hierro después de realizar minuciosas excavaciones en toda aquella parte de los fosos.

Se nos asegura que el número de proyectiles encontrados ha sido bastante grande, llegando a pesar 6 arrobas uno de ellos.

Es de suponer que las balas en cuestión procedan de la guerra de la Independencia, justificando el encontrarse tanta en un corto trecho de terreno, por haber sido la puerta de la Trinidad uno de los sitios más castigados por las tropas francesas que intentaron realizar uno o dos asaltos por ese sitio, después de hacerlo objeto de un intenso bombardeo desde las próximas alturas que la dominan…”

Localización de las dos zonas que aparecen en la microhistoria

Localización de las dos zonas que aparecen en la microhistoria

Noticiero Extremeño, 4 marzo 1920:

“…Siguen los hallazgos. Recuerdos históricos.

Hace algunos días dimos cuenta de que en los fosos de puerta Trinidad, en las proximidades del sitio conocido por Caño de la Loba, habían sido encontradas buen número de balas de cañón y otros proyectiles procedentes, a no dudar, del asedio que sufrió Badajoz por las tropas francesas.

Como tales hallazgos no tenían valor alguno nos limitamos a dar cuenta del hecho como cosa curiosa, pero ahora parece ser que, continuando las excavaciones, que muchas personas realizan en aquellos sitios para la busca de las balas, que luego venden como hierro viejo, se han encontrado sables, bayonetas y algunos otros artefactos guerreros, entre ellos, según se nos asegura, una espada de puño, al parecer de oro, cincelado delicadamente.

Y no es esto solo, sino que al cavarse, a no mucha profundidad, se han encontrado huesos humanos en abundancia.

Creemos, por tanto, que ha llegado el momento de que en este asunto intervengan las autoridades, en primer término para dar cristiana sepultura a esos restos y en segundo lugar para que, si así lo merecen los objetos que están encontrándose, sean recogidos en el Museo organizado por la Comisión provincial de Monumentos…” 

Noticiario Extremeño, 13 marzo 1920:

“…Siguen las excavaciones. Hallazgo de restos humanos.

A juzgar por los comentarios de la gente, y hay que reconocer que en parte tienen razón, Badajoz y sus alrededores está convertido en un vasto osario.

En las pequeñas excavaciones que se están realizando en la plaza de la Constitución para plantar unos jardincillos que completarán la reforma de la misma, se encuentran con relativa frecuencia restos humanos, hallándose últimamente una calavera que, como los demás huesos, han sido cuidadosamente recogidos para darle cristiana sepultura.

Estos hallazgos no tienen nada de extraño, teniendo en cuenta que frente a la iglesia Catedral ha existido en tiempos un cementerio, que antes, como es sabido, era costumbre edificar en las proximidades de los templos.

Lo que más preocupa a la opinión son los macabros encuentros que han tenido las personas que venían realizando excavaciones en la parte de los fosos comprendidos entre las puertas del Pilar y la Trinidad, singularmente en las proximidades del “Caño de la Loba”, para buscar proyectiles que luego vendían a bajo precio a los compradores de hierro viejo.

En mencionados lugares han aparecido no solo huesos diseminados, sino esqueletos completos, alguno de cuales aparecía ceñido con un cinturón con cartucheras, una de ellas repleta de balas y la otra con algunos “patacones”, moneda de cobre antigua portuguesa, de donde parece deducirse que pertenecen a esta nacionalidad los cadáveres encontrados.

Tal suposición la creemos muy acertada: sabido es que en el asedio que sufrió nuestra capital en el año 1812, el ejército sitiador logró apoderarse del castillo, desde cuyo punto se corrieron hacia la izquierda, tratando de asaltar la ciudad por las murallas de puerta Trinidad, muy combatidas por las baterías emplazadas en el cerro de la Picuriña.

Entre los defensores de la plaza figuraba el general Filipon, que era al mismo tiempo un hábil ingeniero que había logrado anegar parte de los fosos utilizando las aguas del Rivillas, sembrando además de minas el resto de los mismos.

Cuando la vanguardia del ejército asaltante, formada por ingleses y portugueses, puso pie en el terreno en que se encontraban las minas, se hicieron estallar estas y en la formidable explosión murieron, según reconocen todos los historiadores de cuatro a cinco mil soldados, ingleses en su mayoría.

Y es un detalle verdaderamente curioso que hasta la fecha no ha podido averiguarse, concretamente, donde fueron enterrados esos millares de víctimas, a pesar de haber venido hace años a Badajoz, con ese exclusivo objeto, una comisión inglesa que realizó en diversos lugares minuciosas exploraciones.

Es pues casi seguro, que en el movimiento de tierras que produjo la explosión quedaran sepultados gran número de cadáveres, cuyos restos son los que están ahora apareciendo…”

A modo de conclusión.

Como trabajo complementario buscamos en las Actas Municpales del Ayuntamiento de Badajoz y en las Actas de la Comisión de Monumentos, de las fechas señaladas, inmediatas y posteriores… y no encontramos nada…

Así que aquí dejamos hilvanado el tema para investigadores de la “cosa esta de Badajoz”; sírvanos esta Microhistoria que la benevolencia de 4 Gatos nos permite dar a luz para aportar, al menos, un rato de agradable e instructiva lectura…

¿Dónde fueron enterrados los cuerpos de los soldados británicos, portugueses y franceses muertos? Tradicionalmente se señalan los fosos del entorno del baluarte de la Trinidad.


“Unos chicuelos que se encontraban jugando en las afueras de puerta Trinidad, en las proximidades del Caño de la Loba, encontraron, enterrada a poca profundidad, una bola de cañón de sistema antiguo”.


“Es un detalle verdaderamente curioso que hasta la fecha no ha podido averiguarse, concretamente, donde fueron enterrados esos millares de víctimas, a pesar de haber venido hace años a Badajoz, con ese exclusivo objeto, una comisión inglesa que realizó en diversos lugares minuciosas exploraciones.”


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