Una confusa y relativa visita principesca

Por Carlos Sánchez

Uno de los aspectos más complicados y peliagudos de cualquier investigación seria es la datación exacta de los hechos. Dejando al margen las falsificaciones, que las hay y muchas, conocer cuándo ocurrió exactamente algo es sin duda de la mayor importancia. Y a veces realizar esa datación no es tan sencillo, incluso teniendo fuentes primarias de sobra (relatos, cartas, testimonios, actas…). En esta ocasión vamos a ver un ejemplo de esto último, cómo la abundancia de datos da como resultado algo confuso. Viajaremos adelante y atrás en el tiempo, e incluso estaremos aparentemente en dos tiempos distintos de forma simultánea. Todo comienza un día 7 de enero de hace muchos años en las puertas de la ciudad de Badajoz, ante las que apareció un príncipe: Cosimo de Medici, heredero del Gran Ducado de la Toscana, acompañado de todo su séquito.

Retrato de Cosimo III de Medici por Justus Sustermans

Retrato de Cosimo III de Medici por Justus Sustermans

Cosimo, el futuro Cosimo III, era el hijo del Gran Duque de la Toscana Ferdinando II de Medici, entre cuyas posesiones estaban las ciudades de Florencia, Pisa, Siena o Livorno. El Ducado de la Toscana era un estado vasallo de la Monarquía Hispánica, y Cosimo (o Cosme, como prefiráis) realizaba un viaje por la Península para conocer España y Portugal antes de ejercer el mando en la Toscana. Las malas lenguas dicen que también hacía estos frecuentes viajes porque su alma religiosa no soportaba a su mujer, Margarita Luisa de Orleans, criada en la alegre y relajada corte francesa, pero esa es otra historia.

Margarita Luisa de Orleans, del taller de Charles Beaubrun - Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5062456

Margarita Luisa de Orleans, del taller de Charles Beaubrun – Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5062456

El caso es que un día 7 de enero, como hemos dicho, Cosimo entró en Badajoz al atardecer para permanecer en la ciudad un par de días antes de partir hacia Portugal. Según los diarios del viaje escritos por algunos miembros de su séquito, formado por diplomáticos, arquitectos, médicos y consejeros varios, llegaron a Badajoz procedentes de la vecina Lobón al caer la tarde del día 7 de enero de 1668. Pero esperad, que viene lo bueno… porque todos los testimonios de los testigos que le vieron llegar, las actas del concejo y los diferentes registros de los lugares donde se alojó esos dos días en la ciudad indican que su llegada tuvo lugar el 7 de enero ¡¡de 1669!!

No es posible que todos los miembros del séquito, absolutamente fiables, tuvieran una confusión de un año. Y desde luego el Cabildo de la ciudad sabía perfectamente en qué año estaba. Por supuesto está descartado el típico error de principios de cada año, cuando equivocamos los primeros días la cifra del año al escribir. También se debe aclarar que el año en Florencia y en Badajoz tiene 365 días, divididos en los mismos 12 meses, con días de 24 horas. Así pues, ¿dónde está el error?, pues no lo hay. Entonces, ¿quién tenía razón?, estooo… ambas partes. Pero en definitiva, ¿cuándo llegó Cosimo a Badajoz? La respuesta, como no podía ser de otra forma, es “depende…”

Para desentrañar el misterio, nada mejor que adelantarnos hacia el futuro unos 250 años por unos momentos. A principios del siglo XX, unos de los más importantes físicos de la historia, Albert Einstein, elaboró su Teoría de la Relatividad, con la que destrozó el concepto de magnitudes absolutas del tiempo y el espacio imperantes hasta entonces. Isaac Newton, curiosamente nacido un año después de Cosimo, en 1642, y muerto dos años después de él, en 1727, defendía que tanto el tiempo como el espacio eran magnitudes absolutas, que tenían siempre el mismo valor con independencia de las circunstancias. Sin embargo Einstein demostró que todo es relativo, es decir, que todo depende del marco de referencia elegido para las mediciones. No solo cambió la física para siempre, sino que abrió muchas mentes. Y ahí también está la solución a nuestro misterio. Así que volvamos al Badajoz del añ… del siglo XVII.

Y es que ese era nuestro problema. Que pese a que parezca lo contrario, Cosimo y su séquito y Badajoz no compartían el mismo marco temporal. El denominado Año Mediceo, utilizado en el Gran Ducado de Toscana, tiene el mismo número de días, de meses, los mismos días por mes, sus semanas son también de siete días y sus días de 24 horas. Todo igual salvo por un detalle: ¡no comienzan el mismo día!

El calendario gregoriano, aceptado por la mayoría de la Cristiandad, hacía coincidir desde 1582 el comienzo del año con el 1 de enero, es decir, más o menos la fecha del nacimiento de Jesucristo; sin embargo, los toscanos cambiaban de año coincidiendo con la festividad de la Anunciación, o sea, cuando el Arcángel Gabriel anunció a la Virgen María que estaba embarazada, lo que sucedió… pues justo nueve meses antes del nacimiento, exactamente el 25 de marzo (nueve meses antes del 25 de diciembre). Y esa era la fecha que utilizaba el Ducado de la Toscana para cambiar oficialmente de año, continuando de esta manera la milenaria tradición de comenzar el año coincidiendo con el inicio de la primavera y el cultivo de los campos.

La Anunciación de Fra Angelico, 1426

La Anunciación de Fra Angelico, 1426.

Así pues, el año mediceo, el que utilizaba la comitiva de Cósimo, comenzaba el 25 de marzo y finalizaba el 24 de marzo siguiente. Su 1668 no terminó hasta el 24 de marzo de nuestro 1669, por lo que ambas partes tenían razón.

Por lo tanto, Cosimo de Medici, acompañado entre otros por Lorenzo Magalotti [it], Filippo Corsini, Pier Maria Baldi [en] e incluso Lorenzo Possi, llegó a Badajoz en enero de 1668, para unos, o en enero de 1669, para otros. La famosa acuarela de Badajoz dibujada durante su estancia por el arquitecto Pier Maria Baldi, uno de los más bellos dibujos nunca realizados de la ciudad, ha sido fechada por esa razón erróneamente en nuestro 1668, cuando ni siquiera había terminado la guerra entre España y Portugal (que terminó, por rizar el rizo, el 25 de marzo de nuestro 1668) y era sencillamente absurdo que todo un príncipe heredero del Gran Ducado de la Toscana estuviera de viaje de placer por una zona en guerra. La razón para esa errónea datación es que obviamente se han mezclado ambos marcos de referencia. La visita y el dibujo se realizaron en su 1668, que ya era nuestro 1669. O, en todo caso, habría que datarla en 1668, año mediceo.

Fragmento de la vista de Badajoz dibujada por Pier Maria Baldi en 1668, año mediceo.

Fragmento de la vista de Badajoz dibujada por Pier Maria Baldi en 1668, año mediceo.

El Año Mediceo estuvo en vigor hasta la muerte del sucesor de Cosimo, su hijo Gian Gastone, el último Gran Duque de los Medici (que daría él solo para cientos de Microhistorias). La llegada al poder de la nueva dinastía, la Casa Ducal de Lorena, terminó en 1749 con el uso de esta tradición tan arraigada en Florencia que aún provoca, como estamos viendo, confusión en algunos investigadores.

Así que ya sabéis, Cosimo de Medici llegó a Badajoz el día 7 de enero de hace estos días 349 años. En 1668 y en 1669, depende.

Y ojo, que si Cosme hubiera tardado un par de horas más en llegar a Badajoz el embrollo sería aún mayor, pues el día mediceo (sí, también existía el día mediceo) comenzaba no a nuestras doce de la noche, sino a nuestras seis de la tarde. Sus dos de la noche eran nuestras ocho de la noche. Así pues, llegando unas horas más tarde a Badajoz tendríamos que según nuestro marco de referencia serían las siete de la tarde del día 7 de enero de 1669; según el marco florentino, habría llegado a Badajoz a la una de la noche del día 8 de enero de 1668… siendo el mismo instante. Hasta Einstein se habría vuelto loco…

Un 7 de enero llegó a las puertas de Badajoz todo un príncipe: Cosimo de Medici, príncipe heredero del Gran Ducado de la Toscana, acompañado de su séquito. ¿En qué año sucedió?

El Año Mediceo, utilizado en el Gran Ducado de Toscana, tiene el mismo número de días, de meses y sus días de 24 horas. Todo igual salvo un detalle: ¡no comienzan el mismo día!

Hubiera sido absurdo que un príncipe heredero del Gran Ducado de la Toscana estuviera de viaje de placer por una zona en guerra.


Enviar un comentario con Facebook

Pin It on Pinterest

Share This